Zofonas (ciudades imaginarias, capítulo 2)

Zofonas (ciudades imaginarias, capítulo 2)

Desde pequeño siempre me molestó el tener que despertarme pronto a la mañana por el ruido de las aves y los pájaros. Especialmente cuando estaba soñando con algo agradable.

Me fastidiaba el hecho de saber que no podría volver a dormirme y que sea lo que fuera que estuviera soñando, eso ya se habría esfumado y que lo único que me quedaría fuera la sensación de una boca seca esperando por un trago de agua. Nunca importaba que tan cansado estuviera y cuantas ganas tuviera  de querer volver a la cama. Era simplemente imposible volver a conciliar el sueño.

Hoy fue distinto. No me desperté por el cantar de las aves o por su fastidiosa y repetida manera de silbar a las mañanas.

Me desperté, creo yo,  porqué mi mente de una manera inconsciente me decía que ya era hora de dejar de soñar dormido y era el momento para mi de empezar a vivir realmente el sueño.

Me acuerdo del aroma a la mañana. Un olor dulce  combinado con una brisa fresca que portaba con ella las más dulces fragancias y en ellas una especie de energía que envolvía completamente mi cuerpo y me llenaba de esa vitalidad con la que rara vez me había despertado. Al mirar por mi ventana, ya no había más ese cielo oscuro y negro repleto de estrellas.

A la madrugada, cuando el mar se junta con el cielo en el horizonte y en medio de los dos empieza a deslumbrarse el sol, es en ese preciso momento cuando los más bellos azules del océano empiezan a pintar un lienzo negro y poco a poco comenzaran a cubrir la oscuridad de la noche. Las estrellas dan paso a una serie de nubes gordas y blancas y el ruido de la noche se transforma en una especie de sinfonía donde la naturaleza se junta y brota la más dulce y cálida melodía. Era hora de partir y de dejarme llevar por ese aire encantado.

Salí de casa apresurado, queriendo ver y esperando descubrir esos sitios que hacen de este lugar algo especial. Empecé recorriendo esas antiguas calles que me enamoraron la noche anterior. Caminos rústicos y estrechos que parecían pasadizos que me conducían entre pequeñas casas, cada una pintada de una forma distinta, cada una con una historia diferente que se narraba en sus paredes atravez de dibujos.

Me pregunté como era posible que hoy día y después de tantos años ZOFONAS siguiera siendo un pueblo así de mágico y siempre conservando su esencia medieval.

Desde la puerta de la iglesia se deslumbraba en la montana una diminuta casa blanca con sus cuatro ventanas y justo al lado de ella una inmensa cruz blanca. Esa casa ahora está vacía, no hay nadie que habite en ella. La leyenda cuenta que en ella solía habitar un hombre del cual pocos saben algo, un hombre que según dicen se encargaba de vigilar el pueblo y de una forma u otra protegerlo.

Unos dicen que tenía poderes, que podía predecir las tragedias y que podía curar las enfermedades. Otros simplemente dicen que era un hombre que se refugió en las montanas y que un día cansado y agobiado por su misma soledad decidió colgarse a sí mismo y de ahí el motivo de la cruz en la montana. La verdad es que no hay nadie que pueda asegurar completamente la verdadera historia de esa casa y quien habitò en ella.

Seguí caminando y cada vez me enamoraba mas de este lugar, recorriendo el pueblo y mirando sus casas reviví en cierta manera miles de años de historia, escuche cuentos y vivencias, deguste anos de tradición a través de su comida, festeje viejas fiestas con sus bebidas y en ciertas ocasiones me sentía como si estuviera en otro mundo, un mundo que ni siquiera es posible crearlo en las películas, un mundo que no se puede describir a través de cuentos pues es imposible encontrar palabras para describirlo, un mundo que sencillamente, solo se podía ver en sueños…

(to be continued, next Thursday at 18.09 pm)

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